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La piedra de Villamayor se caracteriza por su facilidad de fina labra. Esto se debe a la blandura que posee al ser extraida de la cantera, adquiriendo dureza con el tiempo y la pérdida de humedad.
El
proceso de talla comienza con
los bocetos y maquetas preparatorias. Cuando
el trabajo a realizar está definido, se
puede comenzar la talla de las piedras a partir de los datos, dimensiones, ángulos,
plantillas, etc. tomados.
Si
se parte de la piedra en bruto hay que desbastar y reducirla al tamaño
deseado. Hay que "cubicarla" (prepararla), lo que requiere: escuadra,
reglas (varias para comparar planitudes), marcadores, rayadores (de hierro
o tiza de color), escalifador (herramienta de máximo desbaste, como
un cincel de boca ancha), puntero (desbaste más homogéneo,
en algunos casos trabajan con picachón), bujarda, maceta, gradina
(herramienta de dientes) y cincel (para hacer desaparecer las marcas de la
granida).
Ya preparada o cubicada la piedra se realiza el dibujo mediante plantillas
en papel, cartón
o madera y colocándolas sobre la piedra, rayar los cantos con el
rayador, calcando el dibujo.
A partir de ese momento, dependiendo del trabajo, se actúa de varias formas.
Corrientemente, se perfila con el cincel para evitar que cuando se ataca con
el puntero, se dañe alguna zona que no se quería. Normalmente,
se usan dos cinceles para tallar motivos geométricos tradicionales. Cuando hay dibujos
más complicados como los lambrequines del escudo, por ejemplo,
entran los punteros de desbaste, grabinas, cinceles, incluso a veces
gubias, limas,
etc.
